Hace unos día, un semana o quizá más, firmaba Eduardo Punset en la Feria del Libro, Tranquilo, relajado, sonriente,... dirigía buenas palabras a todo el que se acercaba a que le firmara un libro, firmaba y volvía a sonreir, parecía feliz.
Recuerdo cuando leí allá por el 2005 su libro, El viaje a la felicidad.
Una búsqueda incierta, que en su prólogo nos dejaba inquietos, cuando nos decía que la esperanza de vida hace algo más de un siglo era de 30 o 35 años. Recuerdo que entonces, me removí en mi asiento y me felicité por vivir en este siglo y no en otro. Pues gracias a eso no estaba muerta.
La ciencia había prolongado nuestra esperanza de vida y nuestro futuro se planteaba mas luminoso. A lo largo del libro nos hablaba de nuevo del envejecimineto, de cómo ser feliz,...
No leí el libro entero y por eso al verle firmar no me atreví a acercarme, ¿y si me preguntaba por mi felicidad?... Corrí a casa y decidí desempolvar el libro, lo coloqué en mi mesilla con el firme propósito de retomarlo, pero aún no he encontrado el momento. Me he pasado las noches meditando, si empezar de nuevo o continuar por la página que tenía marcada.
Estaba en esas meditaciones absurdas, cuando hoy, hace un rato, me he encontrado en la mesa de un bar, ese libro, cuya portada veo en frente de mí todos los dias en el metro, y no me había decidido aún a comprarme: "LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES" de Larsson.
- "Oiga señor que se ha olvidado aquí su libro"
- "No, no lo he olvidado, lo he abandonado a sus suerte" y una sonora risotada.
Ya tengo una excusa para no iniciar el viaje a la felicidad, -"Lo siento Eduardo, he vuelto a colocar tu libro en en el mismo hueco de la librería"
Y es que la pregunta ... Pero, ¿Qué le sucedió a Harriet? me ha pillado por completo.





