Y mis labios se quedan secos,
y mis ojos se quedan quietos,
y entre los montes pasa el río,
y entre las rocas se desgarran
en mil pedazos mis palabras.

Sigo buscando entre nubes
tus ojos tristes que se escapan,
tus manos tiernas que no abarcan
ni la atmósfera, ni el vacío,
que yo aspiro cuando te toco.

Tienes que saberlo que hoy loco
este cuerpo ya no es mi cuerpo,
que estos ojos ya no obedecen
a este corazón ni a esta frente,
que son insensibles a todo.

Las penas que a ti te inquietan
a mí me oprimen y aprietan.
Las lágrimas que derramas
Yo me bebo a lametadas

En caretas y en figuras
de barro y de porcelana.
En susurros y en palabras
tan hirientes y tan duras.

Voy deambulando sin prisa
por el portal de la vida
y otra vez suena en el aire
la melodía de nadie.

En aquellos días era el ídolo de mis días y de mis noches, yen ese tiempo me inspiró este poema. Aún hoy, cuando se cruza en mi camino me deja un sabor agridulce en los labios, y un ligero alar de mariposas en la tripa, pero ya no me tiembla el corazón ni fantaseo con los recuerdos.