Insaciables los labios eran rocas,
luchando a muerte sin pedir treguas,
recorriendo juntos una y mil leguas,
hundiéndose más y más en las bocas...

Los ojos llenos de miradas locas
galopaban veloz como las yeguas,
buscando refugio tras muchas leguas.
¡Calla, corazón!, ¿por qué te desbocas?.

Calla, pon una muralla de sombras,
y haz con tus penas y tus desazones
jaulas de mimbre para las alondras,

cadenas de oro a los halcones,
y para tus pies descalzos, alfombras
curtidas con cuchillos y rejones.

¡Qué sensaciones mas fuertes, que de múltiples mariposas revoloteaban en mi tripa, que vacío de estómago sentía en las distancias cortas. Cada vez que releo este poema, si cierro los ojos vuelvo a sentir lo mismo que sentía, lo mismo que aún hoy y ahora siento, pienso y deseo! Porque nada soy sin tu latido...

Definitivamente mudo mis bártulos a este lugar, y con ellos este soneto.