Está de moda aprovechar los trastos viejos porque hasta los objetos inútiles que almacenamos durante años en el trastero y que ya no se llevan, tienen valor para alguien , ya sea en euros o sentimental, o de añoranza en nuestro corazón.
Uno de los objetos que mas me gusta observar es la máquina de coser, que todavía hoy los dedos de mi madre obliga a dar puntadas mientras pedalea con los pies y da a la rueda con una mano. Esa máquina de coser, que cose a las mil maravillas a pesar de los años, aunque solo hay unas manos que la saben manejar.

Año tras año como los trastos viejos que van camino del desván, cantamos la canción de Pablo Milanés, y nos vamos poniendo viejos. No es una vejez de años, es una vejez por desgaste del corazón.

Pasan los años,
y cómo cambia lo que yo siento;
lo que ayer era amor
se va volviendo otro sentimiento.
Porque años atrás
tomar tu mano, robarte un beso,
sin forzar un momento
formaban parte de una verdad.

Años